Muchas personas definen el veganismo como una postura “extremista” simplemente porque cuestiona prácticas muy normalizadas.
Podemos decir orgullosamente que somos extremadamente lógicos, estamos radicalmente en contra del abuso y esperamos que el respeto hacia los animales se vuelva cada vez más normal y legal.
Cuando te llamen radical puedes contestar: “¿Es un halago? Entiendo que querer aportar lo menos posible al sufrimiento ajeno nunca es malo”
Y es que muchas veces ser extremista no es negativo: por ejemplo tenemos una postura radical al rechazar completamente el maltrato infantil y nadie nos critica por eso.
De la misma forma, evitar cosificar a los demás animales simplemente es abstenerse de causar daño innecesario.
Durante gran parte de toda la historia de la humanidad, hubo prácticas o creencias que hoy consideramos de sentido común pero que en su tiempo fueron catalogadas de radicales simplemente cuando desafiaban alguna costumbre o tradición.
Ser radicales es abordar el problema desde la raíz y es una postura necesaria al elegir veganismo, ya que no se puede hacer de manera flexible o moderada.
Porque realmente ¿Qué pensarías de alguien que rechaza el abuso solo cuando le resulta cómodo?